Rafael Larralde es un infiltrado limeño de la prestigiosa Sección Pablo Arriagada, con la misión de contactar a una posible espía en el corazón de Bordeu. La adolescente docilizada, Caterín Altamiranda, lo recibe con mucho entusiasmo.


El plan vino de boca de Nora Russo, ex mujer del traidor Ardiles y titular de Inteligencia y Legalidad desde su partida, pero todos vieron el estilo del General Manuel Lima. También era propio del Inexorable dejar que otro se lleve el crédito, sobre todo cuando ese otro atravesaba una tormenta de cuestionamientos, propios y ajenos.

Décadas atrás y junto con la guerra, el nivel del mar empezó a subir y la localidad de General Daniel Cerri fue quedando gradualmente sumergida. Con la esperanza de no tener que dejar sus hogares, sus habitantes y milicias resistieron hasta que, lenta pero constante, el agua les golpeó la puerta. Pese a que Cerri estaba al lado del Cuartel General de Bordeu, la mayoría de los cerrenses esquivaron la docilización del Círculo y terminaron en lo que el tiempo bautizaría como Resistencia Socialista Limeña. Sin embargo, nunca olvidaron su ciudad natal.

Así, de a poquito y sin que el dominio militar absoluto que los ingleses ejercieron durante años los detenga, muchos cerrenses empezaron a juntarse todos los doce de junio para ir a navegar, en botes, kayaks, lanchas y cualquier cosa que flotara, entre la cúpula de la parroquia, el tanque de agua de la CAP y los pocos edificios de más de dos plantas que habían sobrevivido a la guerra y a la paciente erosión del mar.

Pero la gente se fue aburriendo de sólo de navegar y se organizaron eventos y concursos, hasta que se impuso el Torneo de Pesca de Pejerrey Embarcado en Puerto Cuatreros que, año a año, empezó a convocar cada vez más personas, muchas de las cuales no habían pisado Cerri en su vida. Tampoco se exigía pertenecer a la RSL ni a ninguna otra organización. El único requisito parecía ser el uso casi excluyente del rojo y el blanco en la vestimenta de los presentes.

Esta edición del Torneo de Pesca de Pejerrey en Puerto Cuatreros iba a ser el primer evento masivo desde los festejos por el final de la guerra pero, por las dudas, la Agencia de Cultura y Comunicación, a cargo de Juana Tizón, la mujer de Lima, había empezado una campaña de difusión del evento. Si pensaban infiltrar a alguien, el tumulto de gente era la situación ideal.

Con la excusa de realizar preparativos, una comitiva marina iría unos días antes hasta tierras bordenses, para pedir una especie de permiso de pesca. El Círculo Argentino no le daba mucha importancia al mar ni a las costas, demasiado saladas para el cultivo, así que les permitía a los limeños circular por sus aguas, organizar torneos o lo que sea, a cambio de una parte de la pesca, que solía utilizarse para alimentar animales o docilizados, porque el pescado no formaba parte de la dieta de los círculos superiores.

En esa comitiva, que llevaría al almirante Daniel “el Ruso” Zeigarnik al mando, iría Rafael Larralde, buscando llegar por mar hasta el punto más cercano al Molino de Alférez San Martín. Tres días después se realizaría el torneo, tiempo suficiente para que el infiltrado contacte a Caterín Altamiranda, active el grabador de preguerra de la Agencia, y vuelva hasta la ría mezclado entre los pescadores, para volver por fin a territorio limeño.

Sin embargo, todo lo perfecto del plan se desmoronó cuando el barco llegó al límite de Bordeu. Se suponía que no habría nadie, o a lo sumo un control demasiado rutinario para notar a un infiltrado de la Arriagada, pero, en el puesto de vigilancia, estaba el oficial al que todos los limeños conocían como Gendarme y su equipo de cínicos hijos de puta, que habían llegado hasta ahí persiguiendo a un desertor.

En la siguiente entrega, la Entrevista.

 

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La Secta del Bosque Alto (Primera Parte)


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