Troya Domínguez, el Enviado del Padre en la Tierra, llega a la Barbacana de Falucho. Al ver tanta predisposición hacia su recientemente milagrosa figura, intenta conseguir un reemplazo para la guardia que está yendo a cubrir con urgencia. Nadie puede aceptar su misión, pero, la aparición de un conocido del joven subteniente, lo esperanza con recibir algún tipo de ayuda.


Era el sargento Cerruti, un hombre de confianza del teniente coronel Fernando Yebra, que había cometido el beodo error de hacer sus necesidades desde el balcón de su vivienda, en la planta alta de Garibaldi y Chacabuco, para indignación de su vecina del piso inferior.

Situaciones similares se sucedían todo el tiempo sin grandes problemas, en especial en los reciclados complejos de viviendas, con sistemas de desagote de residuos bastante acotados, si es que los tenían. Sin embargo, desde la Traición de Molteni y el posterior fin de la guerra, dentro de la RSL se vivía un clima que desentonaba con la histórica armonía interna de la fuerza.

En el esquema piramidal ideado por Lima, pero moldeado por la práctica, inmediatamente debajo de él había sólo tres coroneles, que desde hacía años eran la enorme Trinity Álvarez de Canabineros Junto al Socialismo, el altiplánico Héctor San Martínez del Ejército Bolivariano y Salvador Molteni, de la Brigada de Fauna.

Tras la Traición, las hasta entonces veladas internas entre canabineros y bolivarianos, los dos bandos más numerosos de la RSL, se volvieron un poquito más ásperas, en la búsqueda de poner a alguien de su riñón en el puesto vacante de tercer coronel.

El motivo no era sólo la ambición o la vocación de poder. Décadas de guerra habían generado un sinfín de hombres y mujeres que lo único que habían hecho en su vida era ser soldados. Algunos veían en la paz una oportunidad de hacer otras actividades, pero la mayoría no tenía otra habilidad, ni querían ser obreros, docentes o campesinos, que era lo que se necesitaba por esos días. Eran soldados de Lima y estaban dispuestos a ir hasta el mismísimo infierno por él, pero cuando los mandaban a cultivar o a levantar paredes se fastidiaban, y tanto en la CJS como en el EB de San Martínez, el descontento se sentía puertas adentro.

Para personas como estas, las oportunidades laborales se reducían a puestos de vigilancia, custodias, excursiones, control de prisioneros y no muchas tareas más, por lo que un tercer coronel, influyendo en la mesa chica, era algo que ninguno de los dos bandos podía despreciar.

En este contexto, el sargento canabinero Martín Cerruti no tuvo mejor idea que excretar desde su ventana, hacia el patio de la viuda del mayor Alejo Beltrán, uno de los máximos héroes del Ejercito Bolivariano, y volvieron los cuestionamientos de siempre a la CJS: los vicios, la falta de disciplina y de moral.

Añazos atrás, cuando el Gordo Yebra incorporó definitivamente a sus canabineros a la RSL, un grupo de oficiales entre los que estaban Molteni y San Martínez, se acercaron al Inexorable con un planteo acerca de los malos hábitos de los recién llegados y los pésimos efectos que podían generar en sus tropas. Manuel Lima hizo llamar a Fernando Yebra, antes de empezar a hablarles.

― La falta de disciplina que ustedes cuestionan es un error táctico propio de ignorantes, que no pueden ver más allá de su propia percepción. Los hombres de este señor han sido fundamentales en estos días ―dijo señalando al líder canabinero, que siempre tuvo cara de nene―, y si están con nosotros es porque les permitimos esas libertades. Si se las prohibiéramos volverían a esconderse a sus casas, formarían sus propias organizaciones o se irían a vivir al medio del campo hasta que termine la guerra. Los tipos correctos y centrados están con Bordeu o con la Liga. Lo nuestro son los márgenes. La próxima vez que escuche un planteo sobre esta o cualquier otra tropa, espero que sea por motivos militares ―dijo el Inexorable y, con un gesto de su mano, se quedó solo en su despacho.

Días más tarde, hizo distribuir entre todas las tropas sus “Máximas de Lima para ser un buen soldado”, entre las que se incluía la Cuarta, que hacía referencia a la vida privada. Para contentar al Ejército Bolivariano, incluyó una referencia al origen, dado que la mayoría de sus miembros eran de países vecinos y eran objeto de cuestionamientos xenófobos por parte de varios soldados limeños, entre ellos los canabineros.

En la siguiente entrega, Cerruti, el sargento cagaviejas.

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La Secta del Bosque Alto (Primera Parte)


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