En el puesto que Motorizados tiene en la Sede Limeña, el Chivo Larralde y el Gordo Yebra conversan sobre la muerte de Rafael Larralde, hermano menor del jefe de Motorizados, de la desaparecida Caterín Altamiranda y del misterioso plan de Fernando Yebra, líder de todos los canabineros, que incluye al carácter semidivino recientemente adquirido por el joven Troya Domínguez.


Los dos amigos se rieron hasta que un melancólico silencio tapó todo.

El Gordo dudó entre hablar o quedarse callado, entre mencionar la muerte de Rafael o cambiarle de tema para que su amigo no se deprima. Tomó un gran trago para aclararse la mente pero, como solía pasarle, no le sirvió para nada. Mientras, una sombra en los ojos derrotaba a la sonrisa, en la transparente batalla que se libraba en la cara del Chivo Larralde.

― Dale pelotudo. Hablame de algo ―dijo finalmente Miguel, mientras le extirpaba el aguardiente y, sin escalas, lo llevaba a su garganta.

― Tengo algo para decirte, pero no sé si te va a gustar ―Miguel Larralde miró a su panzón amigo. Le importaba un carajo el tema de conversación, sólo quería que lo distraigan por un ratito. El teniente Yebra lo entendió al instante y siguió hablando―. Estoy tratando de tender una alianza con las Rojas.

― ¿No teníamos una alianza ya con la “guerrilla vaginal”? ―dijo el Chivo, apelando al seudónimo que le había puesto a la agrupación de la capitana Romina Banega, célebre por no tener hombres entre sus filas. Cuando las soldadas de Mujeres Junto al Socialismo escucharon el apodo que les habían puesto, le anularon el tono peyorativo y se hicieron carne en él. Después de todo, estaban orgullosas de sus vaginas.

― La tenemos sí, pero es para llevar el pacto a otro nivel.

― ¿Vos estás haciendo toda esta pelotudez porque te la querés coger de nuevo? ―quizás por la angustia que presionaba por salir, el Chivo tenía menos filtros que de costumbre.

―Nada que ver, boludo. Lo hago por canabineros. Quiero que la MJS se sumen a la CJS. Ellas también lo necesitan. Somos nosotros o los bolivarianos y después de lo que dijo la mujer de San Martínez sobre el hijo de Lima, no creo que tengan muchas dudas.

― ¿El hijo de Lima? ―el Chivo abrió grande los ojos― ¿Ya te convenció de que es el hijo de Lima?

― Lo digo para simplificar. Ya sabés lo que pienso ―ensombreció Yebra la verdad y siguió hablando rápido―. La cosa es que, con esto del Enviado, muchas de sus mujeres se están convirtiendo al gabrielismo y no veo tan descabellado que se vuelvan canabineras.

― Gordo, estás re loco ―el comandante de Motorizados se sintió muy urgido a preguntar qué carajo era el “gabrielismo”, pero prefirió no desviar el tema―. Puede que Banega se lleve bien con vos o con Trinity pero nadie más. El resto somos iguales que los bolivarianos. O peor. Por algo armaron su propia agrupación las minas. Y si es por lo que dijo la mujer del bolita, Pampita dijo cosas muy parecidas también. O Tito Noche. O cualquiera de los oficiales de Motorizados.

― De eso precisamente es de lo que quiero hablar.

En la siguiente entrega, el final del primer libro.

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La Secta del Bosque Alto (Primera Parte)


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