#12: La Entrevista

 Rafael Larralde es un infiltrado limeño de la prestigiosa Sección Pablo Arriagada, con la misión de contactar a la docilizada Caterín Altamiranda. El plan es utilizar el concurrido concurso de pesca de Puerto Cuatreros, pero, al llegar al lugar, se encuentran con problemas.


Sin embargo, todo lo perfecto del plan se desmoronó cuando el barco llegó al límite de Bordeu. En el puesto de vigilancia, estaba el oficial al que todos los limeños conocían como Gendarme y su equipo de cínicos hijos de puta, que habían llegado hasta ahí persiguiendo a un desertor.

Ese, Gendarme, no era en realidad su verdadero nombre. Nadie sabía su verdadero nombre, aunque sí su otro apodo: el Tigre. Un torturador, hijo de puta y asesino que era también un héroe en la guerra contra los ingleses y se vestía con el verde oliva de la extinta Gendarmería Nacional Argentina, a diferencia del resto de las unidades de frontera bordenses a las que se les imponían los tonos de marrones, por la camuflada razón de que ese era el color dominante de la Pampa Seca. (más…)

#11: el Torneo de Pesca de Pejerrey Embarcado en Puerto Cuatreros

Rafael Larralde es un infiltrado limeño de la prestigiosa Sección Pablo Arriagada, con la misión de contactar a una posible espía en el corazón de Bordeu. La adolescente docilizada, Caterín Altamiranda, lo recibe con mucho entusiasmo.


El plan vino de boca de Nora Russo, ex mujer del traidor Ardiles y titular de Inteligencia y Legalidad desde su partida, pero todos vieron el estilo del General Manuel Lima. También era propio del Inexorable dejar que otro se lleve el crédito, sobre todo cuando ese otro atravesaba una tormenta de cuestionamientos, propios y ajenos. (más…)

#10: el Subteniente Limeño Rafael Larralde

Mientras custodia el puesto rural del Molino de Alférez San Martín, la pequeña Caterín Altamiranda, nacida y criada en la guerra, recibe la visita de un espía de la Resistencia Socialista Limeña. Afuera, la intensa lluvia y las patrullas del Círculo Argentino de Bordeu amenazan el encuentro.


Cuando llegó el espía limeño, Caterín lo abrazó y no pudo evitar cerrar los ojos sobre su pecho, pese a que no se habían visto nunca en la vida. El visitante se incomodó notablemente. Era un hombre de unos veinticinco años, de brazos nervudos, labio sonriente y una vértebra de ternero atravesada en cada oreja. Su piel tenía el color del café con leche y, su pelo, negro como esa misma noche. Vestía un camperón de cuero muy viejo y rasgado, del que cada tanto asomaban heridas de lana empapada por la lluvia. Las botas, si es que tenía, estaban completamente cubiertas de barro.

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#9: Mohamed Gutiérrez, el Guti

Caterín Altamiranda, adolescente docilizada de trece años, añora sus tiempos en la Resistencia Socialista, mientras custodia el puesto del Molino de Alférez San Martín, propiedad de los Pérez Lamadrid, en las afueras de Bahía Blanca. Junto al fueguito, el cuerpo de Caterín empezó a retomar el calor perdido bajo la lluvia y no pudo evitar pensar en el Guti, al que había buchoneado delante del Tigre. El Guti era Mohamed Gutiérrez y por esos días debería estar disfrutando de las mieles de ser un héroe del Milagro de la Sede. Él tenía corazón amable y siempre la había tratado bien, pero a ella le resultaba un tanto boludón. Estaba todo el tiempo adulando a los más grandes para que le dieran bola, o buscándose una novia con recursos muy torpes. Sin embargo, Caterín Altamiranda, nacida y criada en la guerra, se encontró extrañando al Guti. Se acordó con una sonrisa Leer más…

#8: El Molino de Alférez San Martín

Caterín Altamiranda, nacida y criada en la guerra, espera la llegada de alguien, tras la partida del agresivo capitán Tigre. En los campos de Bordeu en los que se encuentra, propiedad de los Pérez Lamadrid, comienza a llover tras meses de sequía.


II

― En la llanura pampeana, la visibilidad es todo ―le había dicho Carlo, la primera vez que se montó a Caterín Altamiranda en El Molino de Alférez San Martín.

Como su nombre lo indicaba, el puesto, alguna vez, había sido un molino. Después llegó la guerra y el ejército nacional improvisó atalayas en cualquier cosa que midiera más de cinco metros. Con la capitulación del Ejército Argentino frente al poderío del británico invasor, la defensa del suelo nacional quedó en manos de milicias populares y organizaciones paramilitares, fundamentales desde hacía años para que los ingleses no se instalaran definitivamente en el continente. El Círculo Argentino de Bordeu, fundado por grandes familias terratenientes que pusieron su fortuna al servicio de la patria, era de las más importantes, y no tardó en ganar tanto prestigio y consideración entre los argentinos, como respeto y precaución entre los ingleses. (más…)