#47: el Hermano Menor

Minutos después de despedir a Rafael Larralde, Caterín Altamiranda recibe la violenta visita del capitán Tigre y su Unidad de Frontera del Círculo Argentino de Bordeu. El chimango en jefe le da lugar al Muñeco Espinoza, un sádico sargento, y al rubio Moglia para que la interroguen sobre el infiltrado limeño. ― Necesitamos que nos digas quién mandó a este tipo ―preguntó Moglia. ― No sé, no hablamos de eso. Supongo que Lima ―la pequeña Altamiranda se sorprendió por la pregunta y hasta la encontró un tanto estúpida. Todo el mundo sabía que nada en la RSL pasaba si el Inexorable no lo autorizaba primero. ― Ya sé, ya sé. No me refiero a eso ― el rubio le lanzó una sonrisa perturbadoramente tierna―. Queremos saber qué tan arriba llega esto. Si era un perejil que se mandó solo o si era parte de algo más grande. ― ¿Era de Leer más…

#46: Policía Bueno/Policía Malo

Minutos después de despedir a Rafael Larralde, Caterín Altamiranda recibe la violenta visita del capitán Tigre y su Unidad de Frontera del Círculo Argentino de Bordeu. El chimango en jefe quiere saber sobre el infiltrado limeño y le da lugar al Muñeco Espinoza, un sádico sargento que le lanza dos orejas, con un hueso de ternero como el que portaba Larrlade, el joven subteniente de la Arriagada.  ― Fue exactamente lo mismo que dijo el limeño ―dijo Espinoza e hizo una pausa. Sólo tenía ojos para un anzuelo de quince centímetros que tenía en la mano―. Hasta que se quebró y nos contó todo ―el policía de frontera dejó de observar el filo y la miró, recto a los ojos de la joven Caterín―. Todo. Era mentira. Tenía que ser mentira. La Sección Arriagada se destacaba por la resistencia y fidelidad de sus hombres. Se decía que llevaban pastillas suicidas Leer más…

#45: El Flagelador

El primer capítulo transcurre en las afueras de Bahía Blanca, en las tierras del Círculo Argentino de Bordeu. En el puesto del Molino de Alférez San Martín, Caterín Altamiranda recibe la visita del temible capitán Tigre y su Unidad de Frontera y, posteriormente, del infiltrado limeño Rafael Larralde. El subteniente de la Resistencia Socialista le propone espiar a sus actuales patrones, los Pérez Lamadrid, para volver a la Cobija Socialista, de donde ella nunca hubiera querido irse. Tras una sequía prolongada, una intensa lluvia riega las tierras bahienses. En el segundo capítulo, Troya Domínguez arranca su jornada en su Villa Rosario natal, camino hasta la Delegación limeña del territorio neutral. Al llegar descubre un nuevo atentado de la secta asesina, donde unos chiflados, entre ellos el traidor Ramiro Zavaleta, acaban de matar a dos médicos. El Enviado del Padre en la Tierra, cada vez más cansado de su flamante condición Leer más…

#44: el Final del Segundo Capítulo

Troya Domínguez persigue a un monje de la secta asesina por el arroyo Napostá hasta que un viejo colectivo abandonado les corta el paso y los obliga a encontrarse. Con su escopeta, el Enviado logra reducir al chiflado de pelo geométrico, pero casi se cae al agua. El hierro que lo sostiene está por ceder, por lo que decide saltar, para agarrarse de algo más seguro.   Si la puerta hubiera estado medio metro más cerca, o un kilómetro más lejos, el resultado hubiera sido el mismo. Troya se hundió despatarrado en el Napostá y el frío lo perforó hasta los huesos. La corriente lo llevó hasta el fondo, donde su hombro izquierdo impactó contra una roca o una parte del colectivo, generándole un dolor del infierno. Como pudo, intentó impulsarse con los pies para salir a la superficie, pero el suelo era demasiado barroso, por lo que patinó y continuó Leer más…

#43: Duelo en el Napostá

Herido en su brazo izquierdo, Troya Domínguez persigue a un monje de la secta asesina en Villa Rosario. Al llegar al arroyo Napostá, el chiflado de pelo geométrico se lanza sobre una embarcación para darse a la fuga. En el puesto fluvial, el Enviado consigue un kayak y una escopeta con los que capturar al asesino y se lanza a la corriente. Por esas cosas de la adrenalina, Domínguez pensó en el Gordo Yebra ¿Qué habría hecho él? ¿Disparar por las dudas, recargando antes de llegar? ¿O esperar hasta el último instante y arriesgar a un único tiro? Sin esperar respuesta, el dedo tomó la decisión. El intento salió tan desviado que ni siquiera vio dónde impactaron los perdigones. Sin perder tiempo en lamentos, Troya se abocó a la tarea de recargar. Faltaban menos de cincuenta metros. Cuando el chiflado notó que ya había sido descubierto empezó a gritar amenazas Leer más…